Cuadro autor desconocido
Había una
vez una blanca muy triste, a ella le gustaban los colores, pero ella sólo era
blanca y negra. Las negras negras, las corcheas negras, las claves negras. Qué
melancólica se sentía en aquella partitura, era una partitura blanca con notas
negras, palabras negras y así era el mundo de esa pequeña blanca, en blanco y
negro.
Ni cuando el compositor escribía la música más
alegre y divertida la hacía feliz, ella seguía aburrida en su mundo triste y
gris. A Blanca le gustaba mirar por la ventana, cuántos colores y figuras podía
ver a través de ella, las flores, los arboles, las mariposas, se sentía feliz
viendo todas esas cosas coloridas. Todas las noches al dormir imaginaba que era
de un color distinto.
Un día
mientras el compositor dormía, Blanca se escapó de la partitura y se fue a
caminar por la casa, observando todos aquellos objetos extraños, todos esos
objetos coloridos. Cerca del piano, sobre una pequeña mesa manchada, encontró muchas temperas de colores, hojas
blancas y dibujos infantiles. A los hijos del compositor les gustaba mucho
pintar mientras escuchaban el piano. Y así sobre el piano y entre las
partituras a medio componer jugaba la blanca.
Se disfrazó
de rojo para ser un Do, fue un do grave y fue un do agudo. Luego de naranja para ser un Re, se
sentía ácida y redonda como la fruta de comer. Amarilla se pintó para ser la
nota Mi, mi mi mi mi mi mi cantaba Blanca. Verde y saltando como
rana Blanca se volvía la nota Fa. Azul el cielo
es, decía mientras se pintaba para ser la nota Sol.
Azul oscuro se colocó y como la nota La quedó. Y las notas terminó Blanca siendo de color morado,
su color favorito que era la nota Si.
Así Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, pasó la noche jugando Blanca, hasta que se cansó de jugar sola y
convenció a sus demás amigas musicales
de jugar con ella.
Todas las
figuras se escaparon de sus partituras y pronto el piano se volvió una fiesta,
las negras se pintaron de azul y verde, las corcheas de rojo y amarillo, la
redonda de naranja, todas las figuras musicales bailaban y se cambiaban de
color. Bailaron y se divirtieron tanto que se quedaron dormidas sobre las
partituras, en desorden, aún estaban pintadas de colores.
Al día
siguiente el compositor se sentó en el piano, y al agarrar las hojas se
sorprendió al encontrar una colorida y alegre partitura. Era una canción para
niños, la más hermosa que compositor alguno había escrito. Tocó la canción en
el piano para sus hijos, mientras Blanca muy feliz en la partitura de colores
estaba, a veces era Si, a veces La, pero jamás volvió a ser una blanca
aburrida, su vida estaba llena de colores y alegre música para niños.
Fin

No hay comentarios:
Publicar un comentario